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Esto del sms (oye, me siento modernísima…), o la llamadita durante el fin de semana para que vaya a la oficina, no es que me haya pillado por sorpresa, ni muchísimo menos. Alguna vez ya le había cogido el teléfono para resolverle la urgencia: “Sí, mira, el 10% de 250 viene a ser aproximadamente 25, ¿te importaría mandarlo tú, digo yo, ya que te has puesto a leer mis e-mails, en vez de joderme el puto domingo yendo a la oficina para escribir 250+25=275, y enviarlo?” Pues una por el estilo era la de este sábado, así que esta raja se dijo a sí misma en una conversación interna de lo más trascendental: pasa, y ya que te pones, pasa mañana también.
Lunes:
-Nati, ¿tu teléfono funciona?
-Perfectamente, Sergio.
-Ah.
-Recibí tu mensaje. No tenía crédito para contestarte (vivan los móviles de tarjeta).
-Sube a mi oficina (y el por favor pa’ la peña, pienso para mis adentros).
Payaso, comemierdas, tapón, mequetrefe. Las tres “b” se me han quedado pequeñas: bastardo, bazofia y basura. No termino de describirlo bien. Pues no va y me dice, en toda mi cara, que soy una maleducada.
-Me vas a disculpar, Sergio, pero es que yo discrepo.
Pues erre que erre. Que si insolente, que si falta de respeto, que si maleducada y grosera… Decido informarle de que una inversión modesta en educación puede tener resultados muy óptimos, sobre todo en los años en los que se me educó a mí -no todos tenemos que haber crecido en un palacete en Vedado…, me guardo este comentario infame-, pero nadie lo saca de sus trece. Es como cuando vas cuesta abajo llegando a Manchester Road en la bici: no hay forma de pararla si no es con un buen revés de manillar en la rotonda.
-Prueba fehaciente de ello es que, por educación, no te estoy mandando a tomar por culo.
Huy, pero si he sacado al barbas que lleva dentro... Por un momento, creo que me grita Fidel y no él, culminación del cual discurso militar es que si tu jefe te escribe, te llama, te lo que sea, un sábado, o a las tres de la mañana, debes responder porque bla, bla, bla… Se va la cobertura. Me he comido la rotonda y el césped me sabe a gloria… ¡Coño, un rosal, me lo zampo! Es decir, le expongo a grandres rasgos la diferencia entre una dictadura militar y una monarquía parlamentaria, y hago mutis por el foro.
Un mes de aviso y a tomar viento fresco. Eso sí, lo estoy disfrutando. El viernes le mandé un e-mail en mayúsculas porque me dio la gana. Sólo me queda en el tintero decirle que se coma “una paila migas, so enano”.
Raja. 2. f. Hendidura, abertura o quiebra de algo. La RAE dixit.
Una vez aclarada la nomenclatura, procedo a quejarme donde nadie me contestará, espero, con un discurso político, sin sentido, a mis preguntas de por qué mi raja no puede ser el ejecutivo de ventas de una oficina en el exterior de un país de cuyo régimen o dieta no quiero acordarme y cuyo nombre no sería apropiado mencionar.
He aquí yo, y mi consabida raja, cuatro meses después de alquilar mi cuerpo durante ocho horas (o así reza el contrato) al día a una empresa que en destino me mide por número de personas que envíe, pero en origen por dinero facturado.
Mes uno:
-Así se hace una reserva, Nati.
-Ah, pues bien. Pásame otra. Ponme una dirección de e-mail. Regístralas bajo mi nombre, digo yo, vaya… Esto… ¿mis reservas se están registrando bajo tu nombre?
Mes dos:
-¿Cuándo viene el informático para abrirme una dirección de e-mail y empezar a registrar mis reservas bajo mi nombre y por lo tanto bajo mis ganancias?
-Mañana. Nati, no hagas reservas, tienes mucho que leer aún. ¿Qué leo?, se pregunta Nati. Todo, es la respuesta. Tienes que leer mucho, ¿a ti te gusta leer? Toma, un libro revolucionario. Ah, y hazme esta reserva, ya la registro yo.
Mes tres: estampida. El ejecutivo de ventas (de mis ventas más concretamente) hace una de pirarse, la madrileña ve la liebre saltar y pide lo que no se le puede dar; otra que echa a correr. Y Nati lee que te lee.
Mes cuatro: Nati lleva un mes entero haciendo el trabajo de dos que echaron a correr sin mirar atrás, más el suyo, firma contratos, buenos, más una serie de misceláneas…, ohh, pero si Nati ya ha producido su salario anual…
-Nati, qué bien vas.
-Sí, sí, voy bien, ya hablaremos que tengo cosas que hacer, ya sabes, todo.
Nati sale a las once de la noche de trabajar día sí y día también, se recorre medio país de buenas a primeras para echar unos rayajos, los echa y cómo los echa.
-Qué bien llevas el trabajo del ejecutivo, Nati. Mira, Nati, te presento al nuevo empleado, no sabe dónde tiene la cara, pero tiene cosas que le cuelgan entre las piernas. Enséñale, que puede ser tu jefe y ejecutivo de ventas pronto. Y supervísalo hasta entonces, eres la responsable, pero no lo hago oficial para no crear mal ambiente. ¿Me entiendes?
Pues no. Nati es lo malo que tiene, que no entiende. ¿Desde cuando crea mal ambiente que llegues a un trabajo y te digan “ésa de ahí es la que lleva esto”?
Mes cuatro más un día:
-So burro, ¿soy tu ejecutiva de ventas?
-Claro que no.
-¿Acaso no hago su trabajo? Ya sin meternos en minucias como que hago también el mío, el de la madrileña…
-No te compares con traidores, eso no es bueno. Tú eres tú, y entonces como tú eres tú tienes que pensar en la vida en función de ideas superiores…
Desconecto, de vez en cuando vuelve la señal y oigo tamañas paridas como que el innombrable no es un país comunista, cosa que aparte de no conseguir ubicar en esta conversación me saca la risilla que desde hace rato pensé no volvería en días.
-So burro, ¿me subes el sueldo?
-Sí, claro, mil libras anuales.
-Señor zopenco, sin ninguno de todos mis respetos, ¿usted qué fuma?
-Eres una “muyayita resién” graduada, mi amol…
- Sabe usted, borrico, asno de los cojones -que cuelgan-, pues no me han parado nunca a la entrada del metro para descontarme el bono por ser una “muyayita resién” graduada, ¿no es curioso? ¿Acaso debería reclamar al London Transport?
El borrico sube hasta donde dice mi raja, pero mi raja no se llama, ni se la llamará nunca en esa empresa, sales executive.
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